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martes, enero 17, 2006

Una tarde o tal vez puede que fuera una noche, el joven un tanto desaliñado acudió a la cita. Ella estaba sentada y pudo verle entrar. Sonrío al verle, como cada vez. Él entró decidido y, al alcanzar la mesa en la que ella apoyaba su espera, sacó de sus bolsillos un gran número de papeles.
Eran cartas y cartas que ella le había estado mandando durante un largo tiempo. Todas ellas quedaban selladas por un beso y, ahora, el muchacho un tanto desaliñado, venía a cobrárselos todos... sin dejarse ninguno.

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